Silvia y Katia trabajan en el entorno rural de Finlandia

Nos resulta increíble pensar que ya ha pasado un mes desde que volvimos de Finlandia. Nuestra estancia fue corta, tan solo dos meses, pero lo suficiente para convertirse en una de las etapas más memorables de nuestras vidas.


Nuestro trabajo consistía en organizar distintas actividades para los niños y jóvenes en las “youth houses”. El primer mes transcurrió en Liminka, un pequeño pueblo al sur de Oulu, donde tuvimos la fortuna de poder ver las tan ansiadas auroras boreales.

A todo ello, hay que añadir el hecho de que vivíamos en una escuela de arte, por lo que disfrutábamos de la compañía de jóvenes estudiantes fineses e incluso de otras partes del mundo, lo cual fue sumamente enriquecedor.

También tuvimos la oportunidad, gracias a nuestro jefe, de comer salmón en una kota finesa, que sin duda fue una experiencia que nunca olvidaremos.

Después de este primer mes, asistimos a un “Training Course” en Villa Elba durante una semana. Allí conocimos al resto de jóvenes haciendo su SVE en Finlandia.

El compartir estos días con chicos y chicas de todas partes de Europa, mientras reflexionábamos sobre los motivos que nos habían llevado a hacer nuestro voluntariado, así como qué queríamos aportar con él, fue una experiencia increíble.

De hecho, nos reencontramos con varios de ellos durante el resto de nuestra estancia y compartimos buenos momentos e incluso algún viaje. ¡Aunque
sin duda uno de los momentos más memorables de esta semana fue el salir de la sauna y bañarse en el mar!.


Seguidamente nos aventuramos a pasar nuestro último mes en Pyhäjoki. La estancia en Pyhäjoki fue especialmente mágica, ya que dedicamos gran parte de nuestro tiempo a organizar la “Christmas Opening”, y la emoción por la llegada de ese día tan especiales se palpaba en el ambiente. Nosotras tratamos de transportar a los fineses a la Navidad española, mostrando todo lo que es típico en nuestro país: la lotería, los Reyes Magos, las campanadas
de Nochevieja, el belén… Y no podían faltar dulces típicos como el roscón de reyes, el mazapán o el turrón.

Fueron días de arduo trabajo, aunque sin duda valieron la pena.

Pero no todo iba a ser trabajo, y los fines de semana aprovechábamos para conocer un poco más del país. Visitamos Oulu, Kokkola, Raahe, Helsinki, Rovaniemi… ¡e incluso cumplimos varios de nuestros sueños de infancia al ir a San Petersburgo y a la Villa de Santa Claus!.


Una de las cosas que más echamos de menos, a parte de la calidez de la gente, son los paisajes que te regalaba Finlandia en cualquier momento del día. Vivir entre los árboles, los coloridos amaneceres, el brillo de la nieve, los paseos en bici…


También nos sentimos afortunadas de haber tenido la oportunidad de experimentar el tan conocido sistema educativo finés desde dentro. Les estamos muy agradecidas a las profesoras que nos acogieron en sus clases y nos hicieron partícipes de ellas.

Esperamos haber podido transmitirle a los jóvenes y no tan jóvenes de allí una visión de España más amplia y lejana a los típicos estereotipos.
En resumen, animamos a todo aquel que tenga dudas a que se aventure en esta experiencia, sin duda ¡la más increíble de nuestras vidas!

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