Natalia terminó con éxito su voluntariado en Chequia

Mi nombre es Natalia y he estado 8 meses como voluntaria en Třinec, al este de la Republica Checa, muy cerca de la frontera con Polonia y Eslovaquia.

Mi ciudad de acogida no era muy grande solo tenía unos 40.000 habitantes. Es conocida por su fábrica de acero: Třinecké železárny, de hecho, todos sus habitantes me decían que antes de existir la ciudad, la fábrica ya estaba allí. También es conocida por su equipo de hockey: Oceláři Třinec, “los aceros” quienes han adoptado el nombre por la fábrica.
Třinec está situada a 5 horas en tren de Praga. Al principio también me parecía una locura estar tan lejos de la capital, pero finalmente, me lancé y no puedo estar más satisfecha con la decisión que tomé.

Cada día allí era diferente:
Los lunes me dedicaba a la preparación de actividades y juegos para las clases de español y para los niños.

Los martes iba a una escuela de infantil y primaria donde desarrollaba mis talleres de cocina y snacks saludables, nos íbamos de excursión o simplemente hacíamos muñecos de nieve.

Los miércoles y jueves daba clases de español en un instituto. Las clases consistían fundamentalmente en hablar con los alumnos. Ha sido una experiencia increíble porque podía hablar con ellos libremente, creaba actividades y jugábamos o cantábamos juntos en clase.
Con los profesores y alumnos he tenido una muy buena relación, de hecho nos fuimos todos juntos de excursión a Barcelona en el mes de mayo.

También en el instituto tuve la oportunidad de realizar un taller de química sobre técnicas analíticas de la leche en inglés. Al fin y al cabo mi carrera profesional está relacionada con las ciencias y la alimentación. Fue todo un reto, pero el poder compartir mis conocimientos en una lengua extranjera fue una gran experiencia.

Los viernes trabajaba en una guardería con niños de entre 3 y 6 años. Aquí ayudaba a las profesoras, jugaba con los niños y preparaba algunas actividades como juegos o manualidades.

Y los fines de semana… PUES A VIAJAR!! Durante estos meses he estado en más de 10 ciudades diferentes de la Republica Checa, en Cracovia, en Viena, en Budapest, en Bratislava… y tuve la oportunidad incluso de viajar al sur de Italia.

Para mi viajar forma parte del EVS: conocer gente, aprender distintas palabras en otros idiomas, visitar las ciudades, los monumentos, crear relaciones internacionales… todo está dentro de la vida de voluntario. Por supuesto depende de ti cuanto quieras viajar, pero con lo baratos que están los trenes por allí… ¡es muy difícil resistirse!

Tal vez suene muy a tópico pero la experiencia de ser voluntaria europea me ha cambiado la forma de ver la vida. Por supuesto he conocido a gente y lugares alucinantes pero también me he conocido a mí misma. Es una perfecta oportunidad para crecer como persona mientras aprendes dando tu tiempo en ayudar a una comunidad. Todos los días son diferentes y todos los días aprendes algo nuevo. Simplemente yendo al supermercado, saludando a tu casero o comprando un billete de tren, el aprendizaje es constante.

Durante toda mi carrera profesional desde que empecé en la escuela infantil el sistema me ha ido imponiendo todo lo que debía estudiar año tras año. Tras esta experiencia he aprendido a saber que es aquello que quiero aprender y como lo quiero aprender. He aprendido a ponerme pequeños retos y metas y a disfrutar del proceso de alcanzarlas. Cada pequeña cosa que te he contado aquí comenzó por una pequeña idea loca en mi cabeza. Después creyendo en mí, compartiendo y dándoles forma pude cumplir cada una de mis ideas y crear así poco a poco esta gran experiencia: mi voluntariado.

Gracias – Dekuji – Thanks European Volunteer Service/European Solidarity Corps por darnos esta oportunidad de descubrir, aprender y crecer

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