Experiencia en Szeged, Hungría – Ines nos cuenta

SZERETLEK SZEGED

Hace poco más de 4 meses que se acabó la bonita experiencia de mi Servicio de Voluntariado Europeo, ahora conocido como Cuerpo Europeo de Solidaridad. Aún no tengo clara cuál es la diferencia entre uno y otro a pesar de haberlo explicado en numerosos eventos en mi organización de acogida en Szeged, Hungría, donde pasé unos maravillosos 10 meses desde abril de 2018 a enero de 2019. La transición pilló a todos un poco relajados y desprevenidos, así que se hizo lo que se pudo; al final la cosa parece ir esclareciéndose y el icono del ESC ya sustituye al del EVS en las open calls for volunteers. Sigo a tantas páginas de Facebook de proyectos Erasmus+ que me parece que aún estoy metida en esa atmosfera intercultural, diversa y activa que me acogió cuando pisé la oficina de Talentum Alapítvány – mi organización de acogida-  en la famosa “ciudad soleada” húngara.

La familia Talentum  fue cambiando a lo largo de mis 10 meses. Cada despedida se seguía de una nueva bienvenida. Pero algunas no fueron despedidas definitivas pues de la oficina surgieron buenas amistades y esas superaron a los contratos y formalidades. En el voluntariado, mi compañera turca Esra y yo llevábamos un montón de proyectos diferentes al mismo tiempo, haciendo muy diversas actividades: desde las tareas principales de llevar y actualizar las redes sociales de la asociación, diseñar y crear juegos de mesa para jugarlos en el hospital con pacientes de neurorrehabilitación y psiquiatría infantil, preparar presentaciones sobre temas concretos acerca de nuestras respectivas culturas y países (juegos, tradiciones, celebraciones y fiestas, música, danza, gastronomía, religión, leyes, historia…) hasta la organización de un club de cine, algún concierto de música y recital de poesía en residencias de ancianos, clubs de idiomas, promoción de la movilidad europea y voluntariado tanto local como internacional en talleres de la Universidad de Szeged, en institutos, en conferencias y sedes de otras organizaciones civiles e incluso en festivales de música. ¡Incluso organizamos un Training Course  para voluntarios de un EVS de corto plazo y un curso de verano para jóvenes húngaros! Y todo esto junto con maravillosas personas de distintas procedencias. De Hungría, de Turquía, Estonia, Italia, Francia, Ucrania, Armenia, Rusia, Portugal, Jordania, Grecia, Malawi, Latvia… ¿Cómo puedo explicar todo lo que aprendí?

Viajé más que en toda mi vida. Por grandes ciudades y pequeños pueblos húngaros, visité Viena, Nottingham, Bratislava, Praga, Ljubljana, Sarajevo y Mostar, Tallinn y Tartu e hice un recorrido por Transylvania. Mochila, billetes de tren o Flixbus y Couchsurfing. Incluso hospedando a viajeros tuve la sensación de estar viajando sin moverme de casa. Inefable.

 

Aún hoy, después de estos 4 meses, no puedo decir que me haya readaptado con éxito a mi vida en el pueblo. Aunque creo que nunca me adapté después de haber estudiado y vivido en Valencia durante cuatro años… después de esto, bueno, acabaré consiguiéndolo, está claro, pero no es fácil. No lo es cuando tienes la suerte de haber encontrado tan buen lugar para ti en un sitio al que llegas sin expectativas muy claras sobre lo que te espera y en el que te encuentras lo que yo me encontré y del que te marchas con lo todo lo que yo me marché. No sabría como transmitir más precisamente esto último. Se supone que el Youth Pass sirve para, al final de tu experiencia, reflexionar sobre todo lo vivido y extraer de todo ello aquello que consideras valioso, aprendizajes y vivencias enriquecedoras que te hayan dejado una huella que haya hecho que no seas la misma persona que poco tiempo atrás llegó a una ciudad de otro país a hacer un voluntariado del Erasmus+. Hice mi Youth Pass pocos días antes de mi vuelta y me pareció demasiado pronto. Ahora intento hacer algo parecido y me sigue pareciendo temprano. Son demasiadas cosas que procesar, despedidas que aceptar y nueva vida a la que (re)adaptarse. Solo hay algo de lo que me arrepiento: no haber ido al Balaton. Tendré que volver a la tierra magyar este verano para arreglar eso.

Inés

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