Experiencia del Cuerpo Europeo de Solidaridad

Experiencia de Paz en Savona, Italia

Os dejo abajo algunas fotografías que realicé con mis amigos durante mi
estancia en Italia.

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Mi experiencia

Mi nombre es Paz, tengo 20 años y soy de Málaga.
En 2019, a la edad de 18, decidí irme de voluntaria a Italia por un período de un año. Tomé esta decisión porque estaba pasando por un período muy difícil de mi vida y necesitaba un cambio muy grande, irme lejos por mucho tiempo.

Me enteré de lo que eran los voluntariados europeos gracias a mi tío, que cuando era más joven también participó en uno y, como nos parecemos mucho, me recomendó que lo hiciera; que viajara y aprendiera nuevos idiomas.

Mi objetivo principal era tomarme un tiempo para estar sola, aprender a vivir como una persona independiente en mis máximas posibilidades, aprender otros idiomas y culturas, y conocer gente diversa. Savona es el pueblo que elegí. Es un sitio bastante pequeño y tranquilo. No hay apenas sitios de ocio, sobre todo para jóvenes, pero para mí no era ningún problema. La playa está a 10 minutos y tiene paisajes y ciudades cercanas muy bonitas, era más que suficiente.

Llegué a un apartamento donde habitaban otros voluntarios provenientes de Portugal, Francia y Hungría. Aprendí mucho acerca del compañerismo, el respeto y la organización para llevar una buena convivencia. Las primeras semanas estaba bastante emocionada y con muchas ganas de comenzar a trabajar. Pero antes tenía que conseguir mi código fiscal y mi tarjeta de débito, cosa que hice yo sola cuando aún no hablaba italiano, fue un buen comienzo porque me sentí bastante capacitada y confiada.

Mi primer trabajo fue en un sector que no tenía nada que ver conmigo: Los niños. Estaba algo asustada porque no sabía cómo iba a comunicarme ni si
sería capaz de agradar a la gente, pero a medida que iba pasando el tiempo me di cuenta de que los niños son muy inteligentes, y cariñosos, y tienen mucho que ofrecer.

 

 

Soy una persona bastante introvertida, pero no tímida, y me di cuenta de que no es nada difícil para los niños entender esto. Encontré un punto en común entre la mayoría, y es que les encanta todo lo relacionado con el arte, así que decidí aprovechar para crear un taller donde les enseñaba a hacer retratos y otros dibujos. Esto me ayudó mucho, ya que pintar me mantiene tranquila y no gasta mi energía, y a la vez estaba realizando una actividad entretenida para los pequeños. Más adelante propuse otros juegos dinámicos que aprendí previamente en mis clases de interpretación, y les encantó.

Con esto quiero decir que no importa qué tipo de personalidad tengas, puedes ser tú misma y encajar, porque siempre va a haber gente que te entienda, y puedes aprovechar lo que te gusta para compartirlo con los demás.

A parte, tenía que ayudarles con sus deberes, punto a favor para mejorar mi italiano. Aprender un idioma nuevo es emocionante y súper divertido, me río cuando no consigo explicarme bien y presto mucha atención a lo que me dicen.

No hay que tener miedo a equivocarse. Poco a poco y echándole ganas, se consigue. A medida que pasaban las semanas probaba otros puestos de trabajo. Uno de mis favoritos: El comedor social. 

La gente allí tiene un hueco permanente en mi corazón, tanto los trabajadores como las personas que llegaban a pedir sus raciones de comida. Yo ayudaba con la organización y preparación de la comida y de las despensas, así como a mantener conversaciones con las personas que llegaban; las cuales volvía a ver en otro puesto de trabajo: Dormitorio. «Dormitorio» es un apartamento para personas sin hogar, que llegan a cierta hora para dormir, y si necesitan algún producto de higiene también se lo ofrecemos. Es un lugar donde al principio me aburría bastante, porque si la gente llegaba cansada no había mucho que hacer. Pero luego me di cuenta que con el simple hecho de estar allí ya estás aportando algo. Llevaba libros para pasar el rato y era agradable. Otro de mis sitios favoritos y el cual eché mucho de menos cuando comenzó la pandemia fue ‘Santuario’.

‘Santuario’ es una residencia para ancianos donde teníamos que ir a hacer de animadoras. Poníamos música de la época de las personas que habitaban
allí, celebramos cumpleaños (con un montón de comida deliciosa, no me perdía ni uno) y pintábamos carteles. En cada festividad hacíamos una actividad distinta. En carnaval cortamos y decoramos máscaras, y como llegaban niños de diferentes escuelas cada dos semanas a hacerles compañía, hacíamos que participaran y acompañaran a los abuelitos. Entre evento y evento realizábamos actividades con plastilinas o telas, que les encantaban y además era bueno para que movieran y ejercitaran los brazos. Cabe decir que los karaokes estaban muy presentes durante la semana, y hacíamos que participaran también las enfermeras, era muy divertido. En navidad interpretamos varias actuaciones de teatro. Cortamos cartones del tamaño de una persona para hacer muñecos y decoraciones.

Yo creé un carrito de navidad para poner dulces dentro, y es que mi lado artístico me ha servido de mucho durante todo el año. También trabajé en una oficina de un centro para inmigrantes que solicitan asilo. Allí me encargaba de varias cosas: ayudaba con el papeleo informático, rellenaba solicitudes y las imprimía, investigaba alguna página web, solucionaba problemas que tenían en el banco, inscribía a quién quisiera estudiar algo etc etc… También pasaba mucho tiempo de arriba a abajo (literalmente, ya que la oficina estaba en una montaña, manteniéndome fitness) porque tenía que acompañar a los solicitantes a sitios más “oficiales” por si necesitaban traductora, o por si tenían que pagar algo con la tarjeta de la asociación. Este trabajo me gustó bastante, me gusta sentirme necesitada y ocupada, y no paraba de hacer de oficinista y de acompañante. Era genial. Cuando ya casi se acercaba el final de mi proyecto y las cosas con la pandemia estaban “controlándose más”, me ofrecieron ir a una comunidad para jóvenes que no pueden vivir con sus padres o familiares. Aquí también me nutrí bastante de todas las historias que escuchaba o que me contaban. De personas que desde muy jóvenes han tenido que dejar sus casas porque no eran un entorno seguro, o incluso pasar por varias familias de adopción que también acababan siendo lugares tóxicos y malos. Oí y vi cómo muchos de estos adolescentes sufrían por hacerse su lugar en el mundo, y aún así, me recibían todas las veces con una sonrisa espectacular. Comía con ellos, nos ayudabamos con los deberes, hablábamos de la vida… Al fin y al cabo, había personas que hasta tenían la misma edad que yo y no es una etapa muy lejana a la mía.

Conseguimos conectar muy rápido y sentirnos identificados, a día de hoy les deseo lo mejor en su vida. En general, deseo mucha felicidad y fuerza a todas las personas que he conocido. He vivido rodeada de personas provenientes de diferentes países, cosa que me encanta, y cosa que también me sucede donde vivo yo. Mi propia familia proviene de Sudamérica, y hemos sido siempre muy abiertos, y estamos agradecidos de quienes llegan a nuestra vida.

Rodearse de distintas culturas es algo maravilloso, y para mí, esencial. Aprendes muchísimo, absorbes ideas nuevas que puedes llevar a tu vida y a tu día a día. Es algo que no quiero dejar de experimentar nunca.

Si alguien se está preguntando por qué el título es ‘Un año’ pero estuve desde 2019 hasta 2021, es porque de por medio comenzó la pandemia mundial, así que hubo un período de tiempo donde mis compañeras y yo tuvimos que regresar a casa por varios meses. Pero me sentí muy privilegiada y afortunada cuando me dijeron que podría regresar a terminar mi proyecto. Me sirvió para mantenerme ocupada y ahorrar. Este año me ha aportado sobre todo cosas buenas, porque no ha sido fácil, y creo que eso me ha hecho más fuerte. Antes de irme a Italia, era una persona que acababa de terminar el instituto, sin ganas de hacer absolutamente nada, con mucha ansiedad y en busca de ayuda profesional. Cuando al final comencé a obtener ayuda y a conocerme a mí misma, decidí que era momento de irme y continuar mi lucha lejos de casa, porque en ese momento no me sentía cómoda allí.

Mi hermano mayor, que era una persona discapacitada, falleció el 30 de noviembre de 2019, antes de la pandemia, y mientras yo estaba en Italia. Falleció de cáncer, y de una larga lucha de 2 años, a parte de muchas inquietudes e inseguridades que poco a poco, junto con esta enfermedad, fueron creciendo en él. Pero a pesar de todo, se mantenía positivo, se mantenía sociable y fuerte. Todas las personas que han conocido a mi hermano se sienten plenas y felices de haber formado parte de su vida. Mi hermano se llamaba ‘Posi’, era su mote; provenía de ‘Positivo’.


Soy una persona que tiende mucho a ir al lado contrario, a lo negativo. Y por eso y muchas otras razones no me sentía con fuerzas para seguir allí.
Ahora que tengo que volver a mi hogar, me he dado cuenta de que tengo que dejar de ser tan dura conmigo misma y con la gente que me quiere. Solía pensar que no me entendían, y quizás sí sea así, pero estoy segura de que lo intentan, y que harían lo que fuera por mí, a pesar de que nos llevemos mejor o peor. Ahora que he crecido, voy a esforzarme por mantener una relación sana conmigo, y con los demás. No pude despedirme de mi hermano como me hubiera gustado, pero estoy consiguiendo ser una persona más positiva, más trabajadora y con ganas de vivir todo lo que él no pudo vivir. Quiero que esté donde esté, sepa que le quiero y que pienso en él, y que mejoraré por ser más responsable y feliz, algo en lo que él siempre insistía. Comparto esta historia porque es importante para mí y por si alguna persona que lea esto esté pasando por momentos duros y necesite sentirse acompañada/o.

Regreso a España todavía algo perdida, pero con fuerzas y esperanza, y con valor para enfrentarme a los obstáculos que se acerquen. Regreso con ganas de estudiar y de trabajar, y de seguir viajando y aprendiendo de nuevas culturas; y de las personas, que muchas son maravillosas


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