Sandra y su año de vida en Francia

La semana de antes de partir es la más dura, eso piensas y sientes cuando te estás despidiendo de tus seres queridos, tu tierra, tu cultura y costumbres (tardes de cervecitas a la terraza con tus colegas y el buen soleil), o eso pensé y sentí yo.

Partes con el miedo y la inseguridad de no saber que te puedes encontrar, con el miedo de no poder relacionarte o no entender nada de lo que te están respondiendo porque no entiendes « ni pipa » del idioma del nuevo país donde vas a ir, en mi caso Francia, la France, esa que sale en todas las películas representada por su gran capital París, su Torre Eiffel, su ambiente juvenil, cultural, mil cosas que hacer, sus restaurantes, museos, conciertos, fiestas, centros de ocio y de deporte apto para todos los públicos. Pero espera un momento… ESA NO ES MI REALIDAD! Yo llego a un pueblo con 13mil habitantes donde el sol, el ambiente por la calle y la fiesta brilla por su ausencia.

Así que con toda la seguridad que pueda llegar a tener subo al avión y aterrizo, con el temor a perderme y no poder llegar a casa (cosa que pasó porque no había trenes para llegar hasta mi pueblo a las 8 de la noche en pleno París) pero por suerte no estás sola en este mundo y nunca lo vas a estar. Por suerte vivimos en una sociedad donde a veces actuamos como comunidad, donde la gente te allana el camino y te ayuda a continuar viviendo de forma más agradable. Así que por suerte o por las buenas relaciones que establecemos durante nuestra vida, y aunque a km de distancia, mi tutora me pudo encontrar lugar para dormir esa noche y emprender mi viaje al día siguiente hasta llegar a mi pueblo.

Escribo esto con solamente 2 meses de experiencia como voluntaria, escribo esto sabiendo que he crecido más de lo que creía que iba a hacer. Miro atrás y estoy orgullosa que haya sido capaz de hacer sola este viaje lo que conlleva mil tipos de transporte – buses, trenes, metros, avión, tranvía – para llegar hasta Guéret, mi nuevo y calmado pueblo.
Escribo esto y lo comparto con vosotros/as queridos /as lectores /as, os encontréis en la fase que sea (post voluntariado, prevoluntariado, pensando si eres capaz o quieres realmente hacer voluntariado, madre/padre preocupado /a porque tu hijo/a se va de voluntariado, olisqueando y buscando hasta el último rincón para estar más tranquilo, o no…), para deciros y recordarme que todo cambio en la vida de una persona, todo enfrentamiento a sus miedos y a un nuevo reto siempre va a ser positivo, y no es que lo diga yo, es que hay cientos de investigaciones que lo demuestran, que salir de nuestra zona de confort nos ayuda a saber actuar en distintas situaciones, conocernos mejor, a tener más habilidades sociales, a mejorar nuestras relaciones, nos beneficia siempre porque de esta forma podemos descubrirnos, saber que o quién nos detiene. Nos hace más fuerte y ver desde otra perspectiva aquello que nos estanca en la vida.

Mi experiencia está siendo muy positiva, estoy aprendiendo un nuevo idioma, no sabia ni entendía nada de francés antes de llegar, he conocido personas maravillosas, estoy conociendo la cultura francesa, lugares naturales preciosos, estoy aprendiendo mucho en cuanto a lo profesional y cada día que pasa me siento más capaz y motivada de seguir haciendo cosas nuevas.
Tengo que dar las gracias a todo mi equipo del centro donde estoy haciendo el voluntariado porque desde el día que llegue han sido muy comprensibles conmigo y me han tratado como lo que soy, una « jovensuela » recién llegada a su país que no comprende pero se esfuerza para hacerlo.

Sé que no estoy en el pueblo más acelerado y activo del mundo entero, sé que vivo en un pueblo muy tranquilo donde el mal tiempo está siempre presente pero intento dejar atrás la mentalidad negativa disfrutando de las cosas bonitas y humanas que une los habitantes de este pequeño y cercano municipio.

Me encuentro en una etapa vital donde mis intereses son; auto-conocimiento, confianza en mi misma, aceptarme, quererme y por tanto, cuidarme. Asi que estoy haciendo todo eso, llevando a cabo muchas actividades que me benefician, aprendiendo a bailar, haciendo deporte, conociendo a gente en un contexto « sociocultuguay »,cocinando platos típicos de la zona, leyendo muchísimo, disfrutando de mi misma y descansando siempre que lo necesito, cosa muy importante para nuestro bienestar físico/emocional que debido al ritmo de vida tan acelerado que llevamos no solemos hacerlo.
Estoy teniendo un estilo de vida tranquilo donde me cuido y me priorizo, donde no dejo que las situaciones o pensamientos negativos me superen.

Claro està que tengo días malos, como todo el mundo, donde hecho muchísimo de menos a mi familia, mis amigues, mi vida en mí « terreta », es habitual y totalmente humano estar triste y echar de menos, así que paso esos días como cualquier otro y sé que es un estado mental que va a cambiar al día siguiente cuando arranque de nuevo y me ponga a hacer las cosas que me hacen sentir bien. Hacer hincapié en que cada persona tiene sus intereses, gustos que les hacen sentir feliz, así que no intentéis hacer lo que hace toda la muchedumbre, buscad y encontrareis aquello que os hace sentir bien.

En fin, siéntolo mucho, a veces me enrollo más que las cortinas cuando me pongo a escribir, termino ya. Aquí os dejo parte de mi experiencia y sentimientos vividos durante mi voluntariado (todavía me quedan 10 meses para seguir disfrutando y creciendo.

Si necesitas como humanoide de mente cuadriculada una conclusión/idea básica de mi experiencia es :
NO ME ARREPIENTO DE HABER VENIDO, ESTOY GENIAL AQUÍ Y TE ANIMO ENORMEMENTE A QUE TU TAMBIÉN HAGAS UN VOLUNTARIADO Y TENGAS TU PROPIA EXPERIENCIA !

Muchos abrazos, alegria y fuerza a todes.
Sé feliz, sé consciente.
Sandra

Sandra y su año de vida en Francia (1)

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