Cristina disfrutando de sus primeras semanas como voluntaria europea en Letonia

¡Hola!

Siento mucho la tardanza al contestar. Justo esos días tuve que irme al on-arrival training como voluntaria europea en Letonia en Bauska, y al llegar estuvimos todo el equipo preparando el ‘cumpleaños’ de la organización de acogida (lo que nos mantuvo muuuuy ocupados durante un par de días).

Este mes en Riga ha sido sorprendente. Y utilizo esa palabra en todos los sentidos. A pesar de que investigué sobre la cultura letona y sobre la ciudad, la gente no ha parado de sorprenderme desde que llegué; si bien es tímida, también es extremadamente acogedora, activa, generosa, cuirosa, y muy comprometida con la comunidad. La influencia rusa no es tan fuerte como imaginaba, pero de vez en cuando me sorprende algún señor vestido con pieles y gritando por teléfono palabras irreconocibles.

La ciudad reluce por todos lados con sus edificios antiguos y con su arte nouveau. El transporte público es una maravilla, y en apenas 20 minutos puedes estar en el centro disfrutando de la gran cantidad de museos y tiendas tradicionales, del emotivo monumento a la libertad (¡Letonia tiene una historia de lo más fascinante!), y del siempre ajetreado mercado central.

Ya he tenido oportunidad de comprar allí y probar ciertas comidas tradicionales de Letonia, como las patatas asadas, los guisantes grises, mousse de arándano, pan de centeno… y una gran cantidad de vegetales cultivados de forma orgánica en tierras letonas (una tradición muy extendida por estos lares).

Estoy aprendiendo mucho de la cultura letona gracias a mi compañero de piso, originario de Jurmala, y a todos los voluntarios locales que se pasan por la organización en la que trabajo. Allí, el ritmo es frenético, pero el ambiente es increíblemente positivo. Han confiado en mi compañera francesa y en mí desde el primer momento y nos han dado varias responsabilidades para trabajar en distintos proyectos. También hemos tenido la oportunidad de hacer una ‘fiesta de bienvenida’ en la que compartir comida tradicional y un poco sobre nosotras y nuestros países.

Por último, el alojamiento ha resultado ser una sorpresa bastante positiva. Si bien el piso tiene problemas varios con la electricidad y la potencia en la cocina, es un lugar grande y que nos da mucha privacidad y espacio – sobretodo en nuestras habitaciones, que son de todo menos aburridas. Hemos aprendido un par de trucos para solucionar los problemas a la hora de cocinar, y estamos trabajando en ser más creativos con las herramientas que tenemos : )

Todo va bien, y después del training a la llegada estoy más que motivada para disfrutar de esta experiencia los próximos 11 meses.

Escrito por Cristina, voluntaria europea en Letonia

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