Compartir piso, compartir experiencias desde el punto de vista de una voluntaria europea en Rumanía

Llevo 7 meses como voluntaria europea en Rumanía en Arad y he vivido con dos españolas, una jordana, un italiano y una italiana, dos griegas, una portuguesa y dos uruguayas. La experiencia multicultural es evidente y está a la orden (o desorden) del día.

Acostumbrada a vivir con mis padres el cambio es abismal. En el piso somos 6 y siempre hay alguien, entras de la calle a tu habitación pasas por la cocina y saludas, qué te apetece hablar sales al pasillo, que te apetece cenar a deshora nadie te va a decir nada.

El hecho es que los compañer@s de piso somos como una pequeña gran familia. Con los que hablar, reir, soñar, bostezar, cantar y con los que puedes contar pero a su vez tienes tu libertad y espacio, puede haber algún roce pero nada que no sea solucionable con una cerveza en el living room (vamos, en el sofá mugriento de mitad del pasillo).

Compartir piso creo que puede ser un paso adaptativo de vivir con la familia a vivir sol@, pues nunca tienes esa soledad que quizá llega los primeros días sól@ en tu nuevo piso pero tienes la libertad de hacer lo que quieras sin tener que preocuparte.

Mi experiencia en este tema es muy positiva, pues de cada persona con la que vives puedes aprender algo y no sólo compartir alguna comida, sino compartir historias de vida y crearlas junt@s.

 

Escrito por Laura Ledo, voluntaria europea en Rumanía

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